¿En qué estoy trabajando?

Quería aprovechar esta entrada para comentaros algunos de los proyectos literarios que tengo entre manos. Es verdad que últimamente no puedo dedicar mucho tiempo a escribir, pero intento dedicar algo de tiempo a ello (siempre que puedo).

El primer proyecto del que quiero hablaros es una novela romántica con perspectiva cristiana. Se titula «Un amor que no caduca» y ya está en proceso de revisión y corrección. La idea es intentar publicar esta novela en alguna editorial tradicional y, si esto no es posible, lanzarla a través de la modalidad de autoedición. Cuando tenga más información al respecto, lo compartiré con vosotros.

El segundo proyecto, todavía en proceso de escritura, es la continuación de mi novela «Clamando al cielo». En ella retomo las vicisitudes del padre Martín Louro y su vida después de los hechos narrados en la primera novela. Siguiendo una estructura similar a la primera novela, cuatro personajes (incluído Martín) irán viviendo una serie de avatares que irán transformando sus vidas. Manteniendo la esencia de la primera novela, en esta secuela se introduce también un poco de misterio y tintes de novela negra. El título provisional es «Cuatro almas». Llevo escrito un poco más de la mitad de la historia y espero poder terminarla este año o principios del que viene. Cuando lo haga, estudiaré qué opciones tengo para publicarla.

El tercer y último proyecto es un libro de relatos cortos . En esta obra quiero recopilar, en un único libro, varios relatos cristianos que he escrito a lo largo de los años. Falta realizar el trabajo de corrección y revisión. Lo más posible es que, para este proyecto, opte por la autopublicación. Es muy difícil, a día de hoy, conseguir que una editorial publique una colección de relatos de un autor que no sea popular.

Me gustaría también comentaros que el beneficio que pueda sacar de las ventas de mis obras, irá destinado a obras de caridad (principalmente Cáritas u otras necesidades que pueda ir conociendo).

¡Paz y bien!

¿Por qué escribo literatura cristiana?

Muchos de vosotros conocéis la parábola de los talentos. Para aquellos que no, la reproduzco a continuación, ya que es importante para entender esta historia:


«Es también como un hombre que, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco.
Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: «Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado. Su señor le dijo: «¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.» Llegándose también el de los dos talentos dijo: «Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado.» Su señor le dijo: «¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente
de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.» Llegándose también el que había recibido un talento dijo: «Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo.» Mas su señor le respondió: «Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses.»

Mateo 25, 14-27

Mi vocación a la literatura cristiana parte de esta parábola y de una verdad que hasta hace poco tiempo no era capaz de comprender; una verdad que ahora me parece tan obvia, que me cuesta aceptar el hecho de no haber sido capaz de percibirla con claridad durante tantos años. No sólo eso, sino que durante mucho tiempo rechacé esta verdad porque me parecía ridícula. Esta verdad no es otra que la de que Dios existe.


Sólo comprendí el alcance de la existencia de Dios cuando parecía tenerlo todo en la vida. A pesar de mis posesiones, de mis logros, de tener una vida que parecía ser perfecta, me sentía vacío. Entonces, de alguna manera, Jesús me encontró.


Desde pequeño siempre me ha gustado crear. He tratado de hacer mis pinitos en diferentes ámbitos de la expresión artística. Creo no equivocarme cuando afirmo que la escritura es, de todos ellos, el que mejor se adapta a mis intenciones de contar historias, de ofrecer a otros las realidades y los personajes que pululan por mi mente.


Ahora viene la buena noticia: nada de esto es mérito mío. Durante mucho tiempo pensé que escribir era algo que se me daba bien, que yo había hecho algún mérito concreto para merecer tan edificante habilidad. ¡Qué equivocado estaba!


Escribir es un don, un regalo que alguien quiso ofrecerme por un motivo. Ese alguien, a quien descubrí no hace demasiado tiempo, se llama Dios. Como diría San Agustín, tarde lo amé, pero el Señor tiene un plan para cada uno de nosotros. Le agradezco que nunca se rindiera conmigo, que me buscara sin parar hasta encontrar la forma de agitar mi corazón y enfocar mi mirada, tan perdida y desviada, en Él.

Lo cierto es que me costó un tiempo entender por qué me había dado este don, pero un día lo vi tan claro que incluso me sentí estúpido por no haberme dado cuenta antes. No podía enterrar aquel talento o hacer un mal uso de él. Tenía que intentar que aquello prosperara, darle un sentido a aquel presente y poder devolverle al Señor una modestísima parte de lo que Él me había dado.

Es evidente para mí que Dios no me ha otorgado el don de la oratoria para hacer llegar a los demás el Evangelio, pero sí me dio otro a cambio: el don de tejer historias, a través de las cuales intentar ser mensajero de Su Palabra.

Paz y bien.

Imagen de macrovector en Freepik